“Phoenix”: la identidad de una melodía


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Nina Hoss es Nelly

Phoenix es cine clásico realizado en 2015. Encajaría con sencillez en la puesta en escena del cine hollywoodiense, en blanco y negro, de los años cuarenta. El rostro de los actores y estrellas en el cine clásico es tan importante como la puesta en escena o el guión. Phoenix tiene el poder visual cinematográfico-clásico en el que el sentimiento era proporcionado por el rostro y su mirada.En opinión de Christian Petzold, director de la película Phoenix (2014), las películas malas son las que nos quieren hacer volver al paraíso del que hemos sido expulsados, pero el paraíso tiene una entrada de retorno incierta, y para encontrarla hay que dar la vuelta al mundo, que es el camino de la reflexión, la cual se manifiesta como propósito de trabajo cinematográfico del cineasta alemán. Sobre este discernimiento se debe uno detener, precisamente, a reflexionar sobre el esfuerzo que supone lograr una consciencia de paraíso.

Heinrich von Kleist (1777-1811), dramaturgo, novelista y poeta alemán, es a quien cita Christian Petzold para introducir la metáfora de la expulsión del ser humano del paraíso. Metáfora que es una fabulación arquetípica de la psique, a través de la cual se narra el mito del abandono de la divinidad, la perfección y el bienestar humanos (o el Bien, la Bondad y la Belleza de origen platónico). El Romanticismo dirigió la imagen de la separación de los seres humanos del paraíso, y su posterior retorno –voluntarioso e idealista–, hacia los caminos que conducían a nuevos absolutos. Por ejemplo en los binomios ética/estética, poesía/verdad, vida/libertad o patria/cultura. La conciencia de absoluto era equivalente a un ideal de humanidad en el romanticismo alemán (por ejemplo en Schiller, Goethe, Novalis, Schelling, Hölderlin) y tiene su esencia en la confrontación y/o coincidencia entre opuestos, principalmente entre subjetividad y objetividad, intuición y naturaleza, arte y vida, luz y sombra.

La búsqueda de un paraíso –o un proceso de restauración de una identidad secuestrada por la xenofobia– es ardua para la Alemania posterior a Auschwitz. La tarea es espinosa: se debe girar en torno a esa reflexión sobre las identidades. Christian Petzold recurre en esta película a un planteamiento melodramático donde se desnuda la verdad. Nelly Lenz, la protagonista de este film, es la portadora de esa autenticidad.

No hay lugar para la venganza mediante ningún odio o violencia: Phoenix tiene ese éxito. El racismo alemán, o la vergüenza histórica de la aversión de una sociedad hacia sus propios compatriotas, en una epidemia patológica de una psique colectiva, son despojados a causa de la paz interior de una mujer judioalemana, después de los campos de concentración nazis. Phoenix representa la farsa hipócrita de una posguerra (cualquiera) sumergida en la necesidad, donde una amable y afinada voz –interpretando Speak low de Kurt Weil– delata su asfixiado engaño.

Nelly vuelve de un campo de concentración con el rostro desfigurado y se convertirá en un semblante de la reconstrucción de un país, de la nueva vida, la antítesis de la hipocresía. Un bello rostro salido de una operación quirúrgica de reconstrucción facial que –curiosamente– está unido a ese ethos personal que Nina Hoss –en el papel de Nelly–, ensancha a niveles de revisión moral. Nelly se dirige a su paraíso: el que una vez vivió junto al enamoramiento: casi ingenuamente instaura una nueva identidad alemana.

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Christian Petzold sostiene una abstinente excelencia en el comportamiento de las emociones a través de las protagonistas femeninas de sus películas. Son la fineza moral, la elegancia de la sabiduría interna, la sutileza del aprendizaje interior. Barbara (2012) fue un ejemplo de ello: una sola sonrisa al final de todo este film, mostraba la felicidad ahogada durante el período de control represivo político/social en la RDA (1)

Una gran metáfora del compositor Kurt Weil en la canción de su puño y letra, Speak low, facilita la imagen de la unión del amor con el oro (Time is so old / And love so brief / Love is pure gold / And time a thief). Debido a esta metáfora se comprueba la dualidad entre los opuestos –amor/tiempo, fugacidad/eternidad– y que todo romanticismo –culto o popular, intelectual o sentimental– ha intentado cristalizar en la unión. ¿Será oro el color/luz de la abstracción pura del amor?

La melodía de Speak Low protagoniza el inicio y el final de la película. Es Nelly representando la sutileza del amor, el cual siempre retorna al lugar donde aconteció. Uno de los axiomas del melodrama cinematográfico es el retorno. Algo queda solidificado en la síntesis anímica, algo queda filtrado inconscientemente de este elemento fundamental –una experiencia de amor–, pero todo cambia a su alrededor y el escenario ya no es el mismo. Y en esta película, alguien sabe sobrevivir, pero definitivamente pierde, alguien pierde desoladamente, pero sabe ganar: “el amor es oro puro”.

¿Y que será el paraíso? Paraíso será volver a un estado de consciencia donde se amó, será advertir que el retorno a una identidad perdida pasa por entonar la canción del amor en el lugar de la calumnia. Como si el mito de Orfeo y Eurídice se hubiese invertido, un Orfeo convertido en mujer y con la voz del perdón –y de su delicada presencia–, desciende al Hades para salvar a una Eurídice convertida en hombre. El paraíso es la melodía que vuelve al trabajo de los infiernos para salvar a las almas de sus temores y frustraciones.

Nelly Lenz trasciende las miserias ideológicas de la Alemania de posguerra desde el rescate de sus propios defraudadores. Vuelve para integrar la cobardía del país que representa su marido: retorna  amando sus propios vestigios. Tal vez, ella ejecute, de este modo, una manifestación no dualista, ubicada entre medias del yo absoluto y el yo concreto, en la que indagaban los “viejos” románticos.

La identidad debe ser ese lugar, considerado remoto por el temor o la duda, que ordena, como Orfeo con su música, los conflictos del cosmos (o del ser/alma/cuerpo, en clave simbólica); y la armonía de la autenticidad, debe ser ese camino –asimismo considerado remoto– para volver a un paraíso.

***

(1) La República Democrática Alemana, también llamada Alemania Oriental o del Este, se diferenció como estado soviético o bloque comunista después de la Segunda Guerra Mundial (1949), hasta la caída del Muro de Berlín (1989).

Ver en Filmin

https://youtu.be/rkAHi2wNSsc

Eduardo Beltrán Jordá
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